"Anidan en nuestro edificio, se meten en nuestras casas si abrimos las ventanas, ensucian los toldos, nos molestan con su ruido y no podemos tender la ropa", se queja Julián Sánchez, el portavoz de una comunidad de propietarios de la calle Hermanos López de Osaba, en el barrio del Pla. Las palomas, a las que este ciudadano define como "ratas del aire", se han convertido en toda una pesadilla para los vecinos, que llevan cinco años sufriendo las consecuencias de la plaga que anida en las celosías del edificio y denunciando la existencia de gente que les da de comer favoreciendo que se queden allí.
Este es sólo un ejemplo de los problemas que traen consigo las palomas, pero no el único: Sus excrementos causan daños en edificios o monumentos y, lo más grave, muchas de ellas son portadoras de enfermedades que pueden transmitir a los humanos. Por todo ello, el Ayuntamiento se propuso hace ya una década impedir que la colonia de palomas siguiera creciendo y comenzó a realizar capturas periódicas. Desde el año 2002 se han eliminado de las calles alrededor de 17.000 ejemplares y sólo durante el año pasado se retiraron cerca de 2.000.
Estas capturas se realizan varias veces al año en las zonas de mayor afluencia de palomas, como las plazas públicas de Navarro Rodrigo en Benalúa, la de Calvo Sotelo y sus alrededores, la zona del Mercado Central o la de Benalúa Sur, entre otras. También se han llevado a cabo en las inmediaciones de López de Osaba, donde desde julio de 2010 se han realizado cuatro capturas. En este caso, la primera fue de 82 palomas, mientras que en la última -el pasado febrero- la cifra se redujo a 26, lo que evidencia un descenso de la población de aves en esta zona. Pese a ello, los vecinos inciden en que el problema no se ha eliminado.
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